Sin Previo Aviso

El agua y el lodo causan nuevos Estragos

La tragedia y el drama humano golpean por segunda vez a la cabecera chiquimulteca, nuevamente con fuertes inundaciones producto de las copiosas lluvias generadas en la última etapa del invierno, el cual, por cierto, ha sido uno de los más sobreabundantes de la última década, según datos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH).

El pasado domingo 29 de agosto aproximadamente 500 familias vivieron momentos de miedo y desventura cuando fueron afectadas directamente por una creciente del río Tacó, el cual atraviesa buena parte de la cabecera departamental.

El afluente que parte de norte a sur a la ciudad se desboco como consecuencia de una tormenta suscitada momentos antes en la aldea Tacó Arriba. Los niveles del río se elevaron vertiginosamente y sin previo aviso, tomando por sorpresa a todos aquellos que vivían en sus riveras, siendo principalmente afectados algunos sectores de Valle Nuevo, San Isidro y Barrio el Molino.

Consecuencias y Reacciones

Don Baudilio García, uno de los vecinos afectados confiesa que en toda su vida no había vivido desgracia similar pues su vivienda fue destruida en un 90%, sus pertenecías arrastradas por la corriente y su familia golpeada moralmente. “Es difícil ver como todo por lo que uno ha luchado desaparece literalmente entre el agua y el lodo” explica con una voz nostálgica.

Los daños a la infraestructura habitacional son evidentes e impresionantes. Al menos 100 casas fueron devastadas por la fuerte corriente, la cual también cobró la vida de una anciana, quien quedo a la merced del río.

“Nunca imaginamos tragedias como estas, no nos queda más que luchar de nuevo por sobrevivir” comenta Carmen Hernández, quien ve su casa cubierta por el lodo. Algunos damnificados han sido refugiados en el hospital modular y en iglesias, estos claman por insumos básicos para vivir un día a la vez. Muchos de ellos están conscientes de que al no contar con fuentes de empleo ni una vivienda secundaria, su futuro es incierto.

La reacción de las autoridades, de acuerdo a la magnitud de la situación, ha sido un tanto lenta, tomando en cuenta que es la segunda ocasión en el año en que este suceso ocurre, así como las advertencias acerca del fuerte invierno que ha azotado al país y los planes de prevención que deben tomarse.

Para los chiquimultecos la herida se abre una vez más en un intento forzoso de la madre naturaleza para que se le preste atención.

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Nota y Fotografías: Mario Morales

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