Historias Difíciles de Contar: Cáncer en medio de la Pobreza

Cuando dejamos de quejarnos y vemos los problemas que otros tienen nos damos cuenta que estamos en la gloria y que podríamos ser agradecidos por estar vivos.

A veces parece que la vida es injusta a los ojos del hombre y  que no hay equidad en esta existencia.  Sin embargo,  debemos alejarnos del pesimismo y de buscar culpables externos cuando la mayoría de los problemas tienen su origen en nuestro descuido, egoísmo y prepotencia.

Es así como nosotros representamos la mayor obra de dedicación y talento en la creación pero también como diría Pascal, el hombre es: “¡Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la Tierra. Depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error. Gloria y oprobio del universo!”.

Solo basta con echar un vistazo al mundo en que vivimos y rápidamente notaremos la confusión y caos en la que estamos envueltos. Pero en medio de todo ese desvarío encontramos situaciones que son difíciles de asimilar, relatos que hablan de la crudeza y frialdad a la que estamos expuestos.

¿Familia Feliz?

Tal es la historia de Eulogia Cruz y Pedro López, quienes luego de conocerse  hace poco más de 5 años decidieron crear un hogar.  A Pedro de 26 años no le importo que Eulogia de 38 tuviera 4 hijos de su anterior pareja. Fue así como con el paso del tiempo se integraron bajo un mismo techo.

La familia López Cruz es uno de los millones de casos de pobreza extrema por lo que no poseen una casa propia. Actualmente viven en Esquipulas, Chiquimula y se alojan en una vivienda prestada que se encuentra en un terreno de uso agrícola en las periferias del municipio.

Ahora no son 4 bocas que alimentar sino 6 si se cuenta a Stephany de 3 años y la menor Marta de apenas 1, frutos de la unión de Eulogia y Pedro.  Sus demás hijos han dejado la escuela pues no cuentan con los recursos necesarios además deben ayudar a sostener su hogar pues una crisis que golpeo a la familia hace unos meses amenaza con desintegrarlo para siempre.

Miedo y Dolor

Al principio creímos que era un lesión e intentamos disminuir el malestar con remedios caseros pero pronto nos percatamos que era algo más serio y fuimos al hospital” dice Pedro cuando describe el inicio de este éxodo que ha robado la felicidad y esperanza de este hogar.

Ocho meses después las evidencias son claras y hablan de un cáncer de mama que atacó a doña Eulogia y que no fue tratado a tiempo. “Al saber que era cáncer hicimos el esfuerzo y fuimos al INCAN (Instituto Nacional de Cancerológica). Pero ella no soporto las quimioterapias,  la enfermedad estaba muy avanzada así que nos recomendaron regresar a casa” comenta con desanimo Pedro.

El cáncer ya ha destruido su pecho derecho totalmente y  paulatinamente ha invadido su garganta, por lo cual le es difícil hablar con claridad. No obstante, doña Eulogia busca las fuerzas para soportar el dolor y con problema alcanza a expresar el miedo que siente al saber que sus hijos quedaran solos pues su marido no podrá sostener al hogar por si mismo.

Dispuestos a Brindar su Mano

No puedo imaginar lo que ella siente” dice Lilian Morales estudiante de psicología clínica que encontró a Pedro y Eulogia cuando pedían dinero en las calles esquipultecas. “En ese momento supe que debía ayudarlos y fue así como Dios ha añadido en el camino a personas dispuestas a brindar su mano”.

El cáncer ha recorrido largo camino en el organismo de doña Eulogia por lo cual como ella manifiesta “cuando me vaya se que Dios estará conmigo”, al referirse a su inevitable deceso.  Pero sus hijos, quiénes aun tiene un destino incierto son el punto esencial que necesita ser tratado como objeto de ayuda.

Lilian comenta que han hecho llamados a organizaciones no gubernamentales para que profesionales se involucren en el caso. Pero el proceso ha sido lento y la situación demanda de acciones inmediatas. “Nosotros no somos suficientes para ayudar a esta familia”, afirma Sindi Ruiz quien también se ha unido a la causa.

Una Luz entre tanta Oscuridad

Cuando el sol se pone la tristeza se hace más profunda. Eulogia, quien yace en una cama se debate entre la vida y la muerte pero parece que el amor por sus hijos puede más que el dolor. Ellos solo contemplan a su madre quien enmudece ante el dolor, los más pequeños no entienden que no la volverán a ver.

Ellos no lo imaginaron mucho menos pidieron una prueba como esta. Talvez la falta de prevención fue el mayor de los responsables pero eso ya no importa en esta historia. Pues aunque una vida se termina aún queda la de 6 niños que no saben que pasará mañana cuando su progenitora se haya ido.

En el crepúsculo Pedro enciende una vela, pues la casa no tiene electricidad. Esa vela es suficiente para ahuyentar a las sombras y para observar el rostro de la familia López Cruz, el cual habla de miedo, dolor y frustración. Entre el silencio la pequeña Stephany se acerca a su madre y el cuadro queda completo, junto a una luz que se apaga otra recién empieza a brillar y es por esa esperanza que vale la pena luchar.

¿Quieres ayudar? Comunícate al 5019-6726 con Lilian Morales 

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