Fuga de Adolescentes

“Ellos tienen fantasías y sueños. Sienten que fuera casa van a encontrar lo que no tienen en su espacio hogareño”.

La presión y la falta de afecto sobrepasan en muchos niveles al Amor que se necesita para mantener un hogar unido. Palabras hirientes, tratos inadecuados y la falta de comunicación asertiva son elementos que contribuyen a que un adolescente decida abandonar su casa.

En el trasfondo de la fuga existe una búsqueda complementaria a carencias afectivas, dice Lorena Tapia, terapeuta y orientadora. “Ellos (los adolescentes) tienen fantasías y sueños. Sienten que fuera casa van a encontrar lo que no tienen en su espacio hogareño: lo lindo, lo bonito, lo utópico”.

Los Protagonistas

El rol protagónico de los padres (o quienes fungen como tutores) es determinante pues son ellos quienes deben captar las señales del joven, quien demanda atención, afecto y comunicación en varios niveles. Padre e hijo debaten constantemente en términos de autoridad y sujeción.

Se debe dejar en claro que los jóvenes que han huido de casa no son malas personas ni han echado a perder su vida, simplemente escapan de un ambiente desfavorable.

“Si huyen de casa es debido a las circunstancias, a las presiones que sufre. Sin embargo todo esto puede evitarse con madurez y comunicación”, afirma Tapia.

El origen del Desequilibrio

Es importante identificar la causa del problema en el adolescente, debido a que esta puede ser de origen interno o externo (dentro o fuera del hogar).

Causas Efectos
Presión económica. El hogar no se mantiene integro ante las adversidades financieras y se sumerge en constantes conflictos. El adolescente crece con una perspectiva pesimista del mundo y el sistema imperante.
Constante maltrato y/o abuso físico, sexual o psicológico. El adolescente genera un resentimiento y rechazo inmediato al afecto y relaciones interpersonales.
Cultura machista o feminista, represiva de emociones y afecto. El adolescente desarrolla barreras emocionales que impiden su crecimiento personal y alcanzar plena madurez psicológica.
Relaciones amorosas inestables y conflictivas. Frustración y desequilibrios en areas congitivas, afectivas y sociales. Dependencia emocional.
Problemas con drogas, vicios o habitos ocultos. Descargas emocionales en habitos noscivos para la salud mental y fisica. Dependencia
Conflictos familiares: Peleas constantes, violencia y desintegración. Ira implosiva. Repetición future en los patrones de conducta.


Rocío Recinos, Directora de Casa Hogar Cánticos de Gozo expresa que la mayoría de casos de jóvenes tratados en la institución provienen de hogares que presentan síntomas de: Abandono emocional, Abuso físico, verbal o psicológico y situaciones conflictivas entre los progenitores.

Los riesgos que un joven enfrenta cuando huye de casa son varios. “Se enfrenta a emociones que desconoce, no posee guianza y al no desarrollar plenamente sus aptitudes puede fácilmente volverse antisocial y cometer alguna falta o delito”, apunta Recinos.

De acuerdo con estadísticas del centro de ayuda En Plenitud, el 16 por ciento de los adolescentes que huyen de casa han sido abusados física, emocional o sexualmente. En muchos casos, los jóvenes prefieren permanecer en la vivienda  y soportar situaciones insanas en lugar de tomar decisiones pertinentes para detener el abuso.

Un trago amargo

Marissa* tenia 17 años cuando abandonó su hogar en busca de independencia. “Materialmente lo tenia todo, emocionalmente mi madre nunca supo entenderme. Después de graduarme de diversificado tome mis maletas y me marche. Fue un trago muy amargo, las cosas no tiene el mismo sabor fuera de casa”.

Su vida cambio totalmente, un noviazgo fallido, deudas acumuladas y una creciente depresión la llevaron a reaccionar súbitamente. “Ya no tenia más opciones. Ahora veo que mi madre y yo nunca nos dimos la oportunidad de hablar con sinceridad”.

Marissa regresó a casa luego de tres años, tiempo en que mantuvo sus gustos al límite y aprendió a valorar algo tan sencillo e innato como la comunicación. “Las cosas han cambiado en mi hogar, no quiero tener que vivir algo así otra vez”, asegura.

*Se han cambiado algunos nombres

Más vale Prevenir…

El adolescente ve ante si un mundo de probabilidades, su mente aún desconoce limitaciones. Sin embargo cuando las carencias aparecen, el joven experimenta un drástico freno en sus aspiraciones lo que conlleva a la frustración. Es allí donde el apoyo, la comunicación y empatía de los familiares se hace necesaria.

Según la psicología´, en algunos casos de esta índole incluso podrían existir tintes de bipolaridad por lo que los padres deben buscar ayuda profesional que contrarreste los efectos a tiempo.

“Se deben buscar baches emocionales que puedan desembocar en situaciones lamentables, corregir el problema, pero sobre todo escuchar. Recordemos que el adolescente no huye del hogar, sino de una situación que no se siente capaz de afrontar”, indica la terapeuta Lorena Tapia.

´Manual Básico de Psicología Clínica

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